Marçal Vinyals (trip to Northern Ireland)

This is a small step for Marçal and a giant step in his use of modern technologies...(October 2001)

Tuesday, October 24, 2006

Hungría, cadáveres que no quieren ser enterrados

Hoy es el cincuenta aniversario de la revolución del 23 de octubre de 1956 en contra del régimen pro-soviético de Hungría. Las manifestaciones en contra del gobierno de Ferenc Gyurcsány no cesan en este país convertido en polvorín desde que el pasado 17 de setiembre salieron a la luz unas desafortunadas declaraciones del Primer Ministro. Durante este mes y medio el gobierno se ha mostrado incapaz de gestionar la crisis política que provocaron las palabras de Gyurcsány y ya viene siendo hora que reconozca que su estrategia para salir de este berenjenal no lleva a ninguna solución. ¿Cuántos días más tendrá que sufrir el país este estado de crispación hasta que el Primer Ministro decida marcharse?

La primera reacción que tuve la madrugada del pasado 18 de setiembre al ver la noticia sobre las protestas en Budapest en todos las cadenas españolas fue de sorpresa e incredulidad. Reacción natural, teniendo en cuenta que ni siquiera sus elecciones legislativas no suelen merecer ni una línea en los periódicos de nuestro país.

Enseguida, la sorpresa inicial se convirtió en alegría y en un ‘por fin’, al ver cómo finalmente los húngaros se decidían a actuar, más allá del habitual y continuo lamento inofensivo. Su reacción les otorgaba el derecho a existir en la prensa internacional: ‘deja de quejarte y actúa, luego existo’, diría Descartes. Y es que los 44 años de comunismo han dejado como herencia un cáncer mucho más difícil de curar que el retraso económico: una sociedad conformista y derrotista, una cierta incapacidad de la gente para asumir las responsabilidades individuales y colectivas y actuar más allá del mero cumplir con el deber y las expectativas sociales.

Mi alegría se debía también a que parecían confirmarse mis creencias sobre la marcha del país:
- Se reconocían los errores en la política económica del país y finalmente se devaluaba el forinto, lo cual hacía ya un par de años que venía esperando, teniendo en cuenta los altos índices de inflación y la baja productividad. Tal y como reconocía el gobierno, la lucha por el poder entre los dos principales partidos y sus promesas electorales habían hecho multiplicar peligrosamente el déficit público.
- Gyurcsány se ponía en evidencia, confirmando mi antiguo recelo sobre su conveniencia, sobretodo debido a su sospechosa biografía (joven político de las juventudes comunistas durante los últimos años del comunismo que se enriquece súbitamente durante las privatizaciones masivas del cambio de régimen).

La primera reacción de Gyurcsány ante la crisis fue pésima, contrastando con la entereza de los manifestantes, que el segundo día de protestas se encargaron de neutralizar ellos mismos a los radicales violentos. Con una imagen de cadáver político desesperado, el Primer Ministro apareció en los medios pidiendo ayuda a la población y erigiéndose como única posibilidad para salvar el país de su crisis. A pesar de lo acertado de su programa de reformas económicas y del apoyo internacional que recibía desde los editoriales de los principales periódicos internacionales, le auguraba una caída rápida.

Sin embargo, esta renuncia todavía no se ha producido, y la situación en Hungría va de mal en peor. Tanto el partido socialista (MSzP) como sus socios liberales de gobierno (SzDSz) han sido incapaces de proponer ninguna solución real a la crisis, según dicen, porque no existe nadie más dentro del partido con la misma fuerza que Gyurcsány para sacar adelante las reformas. ¿Será que los impulsores de la reforma temen que cualquier cambio en el gobierno altere el equilibrio de fuerzas actual dentro del MSzP en favor de sus opositores? ¿Es posible también que los socialistas quieran amortizar a Gyurcsány hasta sacar adelante las impopulares reformas y substituirlo por otro político poco antes de las elecciones?

En todo caso, la coalición gubernamental ha decidido mantenerlo todo tal y como está, ignorando que la mitad del país no acepta ya a Gyurcsány. Para desviar la atención de las nefastas declaraciones de Gyurcsány y conseguir que sus votantes no le den la espalda, el MSzP y SzDSz están utilizando la división social del país entre simpatizantes del conservador FIDESz y del MSzP, insinuando que hay que respaldar al Primer Ministro para evitar que FIDESz se haga con el poder (la fractura social en Hungría es comparable en algunos aspectos a la que existe en Polonia, donde los hermanos Kaczinsky, igual que FIDESz, han hecho de la caza del ex-comunista su caballo de batalla). Se trata de que la gente deje de pensar seriamente en si Gyurcsány debería dimitir o no por sus declaraciones y se concentre en defender a ultranza al Primer Ministro para frenar el avance de la derecha. Da igual qué haya hecho, hay que parar a FIDESz. Lo que no entienden es que la marcha de Gyurcsány no implicaría que FIDESz se hiciese con el gobierno.

Muchos se han tragado que Gyurcsány es el único salvador posible de Hungría, la única alternativa al avance de FIDESz, en lugar de verlo como el causante de todo este berenjenal, de que muchos húngaros sean ya incapaces de confiar en él (lo cuál no augura un futuro muy brillante para las reformas que quiere impulsar).

Sin embargo, yo no creo que no haya nadie más en el MSzP con capacidad para liderar el país. Es absurdo que todo el mundo haya olvidado que Gyurcsány tampoco era muy conocido cuando hace dos años el partido lo eligió Primer Ministro sin convocar elecciones, sustituyendo a Medgyessy (una práctica poco democrática que por desgracia se ha convertido en una costumbre en el ayuntamiento de Barcelona). Igual que Gyurcsány, también ahora un ‘desconocido’ podría hacerse cargo del gobierno, pues él ya ha no sirve.

La auténtica solución a la situación pasa por que el Parlamento elija a otro Primer Ministro, aunque sea del mismo equipo que Gyurcsány. Esto causaría menos rechazo entre la población y la derecha se quedaría sin argumentos para seguir con las protestas.

Tanto Gyurcsány como Orbán Viktor (candidato del FIDESz, ex Primer Ministro que desde que ejerció su cargo ha perdido ya dos elecciones, demostrando poca ética democrática al volverse a presentar) son ya cadáveres políticos. ¿Acaso han olvidado que en democracia los líderes necesitan el apoyo de los ciudadanos?

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